Las que se leen solas, de noche, sin prender la luz. El registro más íntimo del catálogo. No son para compartir; son para ti.
Sobremesa de domingo en San Pedro. M. me cuenta lo del padrino de su hija. Lo que pasó la semana que su esposo se fue a Monterrey.
Leer →Vuelo CDMX-Houston. La mujer del asiento de al lado pide un mezcal antes del despegue. Eso te dice algo. Lo que sigue es el POV de la otra.
Leer →Llamada de las 2:17 de la mañana. Iván se rompió una tubería. Lo que pasó la noche que entró a mi departamento en bóxers.
Leer →Tulum, último día. Vale cuenta lo de Mateo Echeverría — el compañero del MBA del IPADE con quien no pasó nada cuatro meses, hasta que pasó.
Leer →Bar Damiana, jueves de happy hour. Manuel — cincuenta y nueve, Patek Philippe, dueño — baja al bar la noche que su esposa no llegó.
Leer →Spa de mujeres en San Pedro. Alejandro — sinaloense, 31 años — pasa a recogerme los miércoles después del CrossFit. Un masaje, mi marido, y la palabra suerte.
Leer →Tardó 22 años de matrimonio en decir en voz alta lo que le gustaba. El mundo no se acabó. Empezó otra cosa.
Leer →Diecinueve años casados. Un huracán apagó Mérida entera y les devolvió, sin pedirlo, la primera noche.
Leer →A los 61, con las manos en el barro de Oaxaca, descubrió que se podía volver a enamorar. Y que era de una mujer.
Leer →La casa entera para ella por primera vez en meses. Cerró la puerta para adentro. La llave siempre fue suya.
Leer →Tres días sola, un colega disponible, y lo que hizo fue mandarle a su esposo el mensaje que no mandaba en años.
Leer →Mi compadre Joaquín llegó a la casa el sábado al mediodía con su camioneta y una hielera. Mi marido andaba en Querétaro. Era mi cumpleaños. Y mi marido había mandado a su mejor amigo en su lugar.
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