El deseo por quien no podías tener. El que llegó en el momento equivocado, el de demasiado cerca de casa. Una a una, sin juicio — hasta entender que no eras la única que calló.
Sobremesa de domingo en San Pedro. M. me cuenta lo del padrino de su hija. Lo que pasó la semana que su esposo se fue a Monterrey.
Leer →Brunch de divorciadas en Roma Norte. A. confiesa al fin lo del profesor que tuvo en la maestría. Cincuenta y dos años, dos canas, un seminario de Borges.
Leer →Boda en Valle de Bravo. La una y media de la mañana. Andrés sale al balcón a fumarse un cigarro. Suite 314.
Leer →Posada navideña en San Pedro. Vicente — primo segundo, quince años en Madrid — llega solo con un saco de pana y un mezcal. La cocina a las dos.
Leer →Bar Damiana, jueves de happy hour. Manuel — cincuenta y nueve, Patek Philippe, dueño — baja al bar la noche que su esposa no llegó.
Leer →Mi tío Carlos en San Pedro Garza García. Lalo — de Nuevo Laredo, ex-paracaidista. Los miércoles a Saltillo, cuarto 412.
Leer →1994, el piso de la cocina, esperando a que sean las once para que baje la tarifa. Aprendió que el hambre era suya.
Leer →Iván tenía 52 años, lentes de pasta gruesa, y una camisa de lino blanca incluso cuando llovía. Venía los sábados a revisar la obra de la casa de mi papá en Valle. Yo tenía 38 y un libro que nunca abrí.
Leer →Mi compadre Joaquín llegó a la casa el sábado al mediodía con su camioneta y una hielera. Mi marido andaba en Querétaro. Era mi cumpleaños. Y mi marido había mandado a su mejor amigo en su lugar.
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