Cinco amigas desde la secundaria. A las once de la noche el grupo de WhatsApp se transforma. Ninguna estaba rota.
El grupo de "Las Incorregibles"
Somos cinco, nos conocemos desde la secundaria, y nuestro grupo de WhatsApp se llama "Las Incorregibles" porque a los cuarenta y ocho años seguimos siendo exactamente las mismas escuinclas que éramos a los trece, nada más con hipoteca.
El grupo tiene reglas no escritas. Una: lo que se dice en el grupo se queda en el grupo, ni con los maridos. Dos: a las once de la noche el grupo se transforma. De día mandamos recetas, oraciones de buenos días con girasoles, y fotos de los hijos. De noche, después de que todos se duermen en sus respectivas casas —tres en Guadalajara, una en Mérida, y Pilar, que se fue a Dallas y nos cambió el horario a todas— el grupo se vuelve otra cosa.
Anoche, por ejemplo. Empezó Carmen:
—Niñas. Pregunta seria. ¿Es normal que a esta edad una piense en… ya saben… más que cuando tenía veinte?
Tres segundos de silencio digital. Los puntitos de que alguien escribe. Y luego se soltó la avalancha.
Resulta que las cinco. LAS CINCO. Cada una creía que era la rara, la calenturienta, la que algo andaba mal con ella. Cada una llevaba años pensando que su deseo a los cuarenta y ocho era un defecto secreto, una anomalía vergonzosa de la que no se habla ni con la mejor amiga.
Y esa noche, en un grupo de WhatsApp llamado "Las Incorregibles", cinco señoras decentes de misa los domingos descubrieron, entre carcajadas y audios que duraban tres minutos porque ninguna sabe mandar audios cortos, que eran absolutamente normales. Que el deseo no se jubila. Que a los cuarenta y ocho, libres del miedo a embarazarse y del qué dirán y de las inseguridades de los veinte, muchas mujeres descubren que apenas están empezando.
Pilar, desde Dallas, escribió: "O sea que llevo diez años creyéndome una degenerada y resulta que nada más soy una señora normal. ME HUBIERAN DICHO ANTES."
Carmen: "¡Nadie nos dijo NADA de nada! Nos enseñaron a tener hijos, no a tener ganas."
Y Lupita, la más callada, la que se quedó viuda el año pasado, mandó el audio que nos dejó a todas calladas un rato: "Yo nada más quiero volver a sentir. Eso. Que alguien me recuerde que tengo cuerpo. ¿Está mal eso, niñas?"
No, Lupita. No está mal. Y que hayas tenido el valor de decirlo a las once de la noche nos dio permiso a todas.
A las doce y media nos despedimos con los stickers de siempre. Hoy en la mañana el grupo amaneció con oraciones de girasoles, como si nada. Pero algo cambió. Cinco mujeres duermen un poquito más en paz con su propio cuerpo porque una se atrevió a preguntar lo que todas callábamos.
Eso son las amigas, al final: las que te dicen, a las once de la noche, que no estás rota. Que nunca estuviste rota. Que nada más nadie te había dicho que lo que sientes lo sentimos todas.
Si tienes un grupo así, mándales esto. Y si no lo tienes —si has estado cargando sola la idea de que eres la rara— déjame ser yo, esta noche, la que te dice: no estás rota. Bienvenida a Las Incorregibles.
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