Lo amo. Me casaría con él otra vez. Y aun así hay una lista. Toda mujer casada tiene una lista.
Cosas que no le conté a mi marido en veintitrés años
Lo amo. Que quede claro desde el primer renglón, porque lo que sigue podría leerse mal. Llevamos veintitrés años y me casaría con él otra vez. Y aun así hay una lista. Toda mujer casada tiene una lista. La mía es esta.
1. Que la primera vez que me dijo "te amo", yo no estaba segura. Dije "yo también" porque ya estábamos en ese punto de la noche en que decir otra cosa habría sido un escándalo. Lo estuve segura como tres años después, una tarde tonta, viéndolo arreglar una llave de agua. Pero el primer "te amo" fue de educación. Nunca se lo dije. Hasta hoy.
2. Que sé exactamente cuánto dinero tengo en una cuenta que abrí el segundo año de casados y que él no conoce. No es para irme. Es para poder irme. Hay una diferencia enorme entre las dos y solo las mujeres la entienden: no es desconfianza, es columna vertebral. Una mujer que sabe que podría irse se queda mejor.
3. Que la noche que nació nuestra primera hija, mientras todos lloraban de felicidad, yo sentí, por debajo del amor, un terror puro: que mi vida acababa de dejar de ser mía. Tardé años en perdonarme ese pensamiento. Ahora sé que no era un mal pensamiento. Era verdad, y nadie te avisa, y se te pasa, pero primero es verdad.
4. Que me sigue gustando que me miren. No para nada — soy una señora seria, fiel, de misa los domingos cuando me acuerdo. Pero cuando un desconocido en el súper me sostiene la mirada un segundo de más, algo viejo y caliente se estira adentro de mí como un gato al sol, y me voy a la casa de buenas y no le digo por qué. El deseo de gustar no se firma en ningún acta de matrimonio. Sigue siendo mío.
5. Que hay una versión de mí que no conoció, la de antes de él, y a veces la extraño. Bailaba sola en su departamento. Tenía opiniones feroces. Se acostaba a las tres de la mañana porque sí. No es que él me la haya quitado. Es que yo la fui guardando, voluntariamente, en el cajón de "ya no toca", y de vez en cuando la saco y la sacudo como a un vestido que ya no me cierra pero que no soy capaz de tirar.
6. Que la mejor noche de los últimos cinco años no fue un aniversario ni un viaje. Fue un martes cualquiera en que se fue la luz, nos quedamos a oscuras, y por accidente nos volvimos a encontrar. No le he dicho que pienso en esa noche más que en nuestra boda. Se lo digo aquí primero.
7. Que no me arrepiento de nada de la lista. Que una buena esposa no es la que no tiene secretos. Es la que sabe cuáles guardar para protegerlo a él, cuáles guardar para protegerse ella, y cuáles —como estos— soltar por fin en un lugar anónimo a los cuarenta y nueve años, para descubrir que pesaban menos de lo que creía.
Veintitrés años. Lo amo. Y aun así tengo una lista.
Tú también la tienes. No me lo niegues. Lo que cambia entre tú y yo no es que yo tenga secretos y tú no. Es que yo ya los conté.